En el mes de mayo, tendrá lugar en la ciudad de Bonn, en Alemania, la novena Conferencia de las Partes firmantes del Convenio de Diversidad Biológica (COP-9), el cual es el ámbito de decisión más importante del convenio. En esta conferencia, se llevarán a cabo reuniones en donde la discusión estará centrada en los árboles transgénicos y los agrocombustibles; sin embargo, desde varios frentes de la sociedad se está alertando que latente en las discusiones estará nuevamente la aprobación o prohibición de lo que Naciones Unidas denomina "tecnologías de restricción de uso genético", y que en el lenguaje de las organizaciones sociales, campesinas, y ambientalistas se conoce como las estrategias de la "privatización de la biodiversidad".
Las nuevas formas de privatización de la biodiversidad están basadas en dos tecnologías de modificación genética de las semillas, conocidas como "Terminator" y "Zombie".
En cuanto a la tecnología Terminator, se trata de semillas que nacen en la primera generación, pero que están programadas para ser estériles en la segunda. Las semillas Zombie o Transcontainer actúan igual que las Terminator, con la leve variante de que si se les aplica un agrotóxico específico que produce la compañía semillera vuelven a ser fértiles.
Este tipo de tecnologías transgénicas, además de ser una amenaza para la biodiversidad en términos de contaminación de las semillas nativas, constituyen un peligro inminente para la actividad agrícola tradicional, ya que pretenden privatizar la biodiversidad, ilegalizando el intercambio libre de semillas que ancestralmente han realizado los campesinos.
La discusión sobre este tipo de tecnologías no es nueva: en 2000, las protestas desatadas frente a Terminator hicieron que el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas llamara a que todos los gobiernos realizaran moratorias nacionales frente a estos transgénicos.
No obstante, sistemáticamente se ha intentado quebrar la moratoria, lo cual ha sido un tema recurrente en las reuniones de la Conferencia de las Partes. Ya en la séptima reunión, que tuvo lugar en Kuala Lumpur en 2004, corrió el rumor de que Brasil podía dar su apoyo a las semillas Terminator. Pese a que este rumor fue desmentido luego, los esfuerzos de organizaciones como el Grupo ETC, OilWatch y Amigos de la Tierra Internacional para que se prohibiera terminantemente el uso de estas tecnologías no tuvieron resultados favorables, lo cual se condijo con la sensación general que tuvieron las organizaciones sociales y ambientalistas sobre las magras decisiones que se alcanzaron en la reunión.
En el año 2006, los cientos de delegados que participaban en Curitiba de la octava reunión de los países parte del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas tuvieron que enfrentarse a la resistencia que presentaron decenas de organizaciones a las llamadas "tecnologías de restricción de uso genético".
Allí, la movilización que causó un mayor impacto estuvo protagonizada por las mujeres de la Vía Campesina, que entraron en la sala donde se realizaba la reunión de la Plenaria portando velas y carteles, en donde podían leerse consignas como "Sí a la vida, las semillas Terminator no pasarán", o "No matarán la semilla campesina con Terminator".
También tuvo lugar una jornada de acción contra las semillas Terminator afuera del Centro de Convenciones donde se desarrollaba la octava reunión de la COP-8, que reunió a unos 300 campesinos de Vía Campesina Brasil y de organizaciones y movimientos agrarios de diversas partes del mundo.
Actualmente, con la promoción que se realiza de los agrocombustibles como la solución a la crisis del calentamiento global, se publicita, implícita y explícitamente, el uso de Terminator. En este sentido se justifica el uso de esta tecnología diciendo que es una forma de controlar la contaminación causada por el uso extensivo de cultivos transgénicos destinados a la producción de combustibles, por más que estudios independientes han demostrado que el uso de Terminator no es una solución, y que sólo multiplica el problema.
En un artículo publicado recientemente en la revista Biodiversidad, Silvia Ribeiro escribe: "En la agenda de la COP-9 están los agrocombustibles, los árboles transgénicos. Terminator está implícito y por debajo de los otros temas. Es necesario estar alertas porque así como la moratoria tuvo peso a nivel internacional y frenó la comercialización de Terminator, también puede pasar lo contrario: que si se quiebra la moratoria internacional los gobiernos la usen como ejemplo para decir que ya no es necesaria".
Nuevamente, el uso de la tecnología Terminator aparecerá en la Conferencia de las Partes firmantes del Convenio de Diversidad Biológica, usando un nuevo disfraz: esta vez, será promocionada como una estrategia de control, que limitará los efectos contaminantes de los transgénicos. Nuevamente, está en las manos de las organizaciones sociales, campesinas y ambientalistas el desenmascarar este nuevo intento de privatizar la biodiversidad.
