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Comercio justo, consumo ético

  • Comercio justo, consumo ético
    Por GRACIELA SIMÓN
    Diario La Tribuna, 30/7/06
    Derecho al Fuente
Amediados de la década de los sesenta, muchos países del Tercer Mundo estaban inmersos en un proceso de descolonización que, más tarde o más temprano, acabaría restituyéndoles la soberanía que algunas de las principales potencias les habían arrebatado. Es en este marco histórico en el que tiene lugar la primera conferencia de la UNCTAD (Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas), la cual se celebró bajo el lema ‘Comercio, no ayuda’, que expresaba su demanda de libre comercio, es decir, que los mercados de las antiguas metrópolis y de los países ricos se abrieran a las materias primas y productos manufacturados de los países pobres; sin embargo, aquellos optaron por proteger sus mercados.

Al mismo tiempo, comenzó a surgir en el corazón de Europa un movimiento que posteriormente se daría a conocer como ‘Comercio Justo’. La primera tienda de este tipo se abrió en Holanda en 1.969 y, tan sólo dos años más tarde, ya existían más de 120 tiendas en el país. La filosofía que respalda este movimiento es un comercio internacional basado en criterios de justicia social, sostenibilidad ambiental y de reajuste de las desequilibradas relaciones comerciales Norte-Sur. La materia prima más emblemática del Comercio Justo siempre ha sido el café, no en vano un café producido por cooperativas de campesinos guatemaltecos fue el primer producto que se comercializó siguiendo este sistema.

En España, existen unas cien tiendas ‘justas’. En Castilla-La Mancha se creó en 2001 una Red de Comercio Justo y Consumo Responsable que agrupa a ocho tiendas, constituyendo de este modo la primera Coordinadora de Tiendas y Organizaciones de Comercio Justo que aparece en una comunidad autónoma. La provincia de Ciudad Real se sitúa a la cabeza con cuatro tiendas repartidas por los municipios de Alcázar de San Juan, Daimiel, Tomelloso y Ciudad Real, donde está Pachamama, al frente de la cual se sitúa Benito Moreno desde el año 2001. Cuando La Tribuna le pregunta sobre cómo funciona el ‘Comercio Justo’ nos explica que «la idea es trabajar directamente con aquellos colectivos, normalmente cooperativas de productores, ya sean de alimentación, de textil o de artesanía, que tienen especiales dificultades para acceder a los mercados del Norte».

Son las importadoras, reunidas en asociaciones como EFTA, Asociación Europea de Comercio Justo, o la IFAT, Federación Internacional de Comercio Justo, las que escogen el producto y la cooperativa, intentando reducir al mínimo los intermediarios, que son quienes encarecen el precio final de venta. Estas importadoras asesoran a los productores desde el punto de vista técnico y los prefinancian, esto es, adelantan aproximadamente el 50% del pago del producto, y pagan el resto cuando llega al país importador.

Las condiciones laborales en las llamadas ‘fábricas del sudor’ de los países pobres son, con demasiada frecuencia, abusivas y van desde la explotación infantil hasta el establecimiento de interminables jornadas de unas quince horas incluso siete días a la semana, salarios ínfimos, abusos sobre las mujeres... Frente a ello, los criterios que garantiza el Comercio Justo son precisamente evitar la explotación laboral, la igualdad entre hombres y mujeres, el respeto al medio ambiente, salarios y precios dignos y el destino de parte de los beneficios al desarrollo de proyectos sociales para la comunidad productora.

Pachamama. Como todas las tiendas ‘justas’, Pachamama pretende erigirse no sólo como un punto de venta de este tipo de productos, sino también como un vehículo para la sensibilización de los ciudadanos. En ocasiones, los clientes creen que estos productos son más caros que los que pueden encontrarse en otras tiendas o grandes superficies. «¿Cuánto cuesta?» es la pregunta que muchos compradores formulan cuando se acercan al mostrador, sin cuestionar las condiciones bajo las cuales un producto fue elaborado y sin sopesar los efectos que su compra puede generar. El Comercio Justo aboga por abrir los ojos a los consumidores con el fin de que sean conscientes del potencial que tienen y de exigir a las empresas productos éticamente correctos.

En estas tiendas es posible obtener información sobre el origen de los productos, las condiciones del proceso de elaboración, la cooperativa de la que procede y los proyectos de desarrollo que financia, así como el destino final de los beneficios. Allí se pueden encontrar los productos que hay en el Sur: café, té, cacao, caña de azúcar, artesanía en madera, piedra, papel, productos textiles o música étnica, entre otros. Las personas que se acercan a la tienda suelen tener, por lo común, una especial sensibilidad hacia los países del Sur, así como una preferencia por productos concretos por su calidad, personas que pertenecen a colectivos de solidaridad, etc.

A diferencia de los microcréditos, que operan más a pequeña escala, creando una especie de economía familiar que normalmente sustenta la mujer, el Comercio Justo se circunscribe en el contexto de comunidades, en concreto, de productores agrupados en cooperativas que trabajan de forma colectiva.

Benito Moreno descarta que el comercio justo sea utópico, «se trata de propuestas concretas, pero que no interesan. En el momento en que socialmente y de forma masiva nos lo creamos y apostemos por ello, va a dejar de ser utópico». Y prosigue «el reto está en que, por un lado, los políticos se convenzan y apuesten por ello y en que los ciudadanos intenten llevar a la práctica una serie de criterios éticos que van mucho más allá del comercio justo».

En su opinión, no debería existir el comercio justo, puesto que es una señal y una consecuencia de la voracidad con la que funciona el comercio internacional. Asimismo, hace falta «conocer más el comercio justo y, sobre todo, conocerlo mejor», sin confundirlo con el comercio solidario, al que contribuyen organizaciones que importan productos procedentes de los países del Sur.

Estadísticas. Las estadísticas evidencian que, desde el año 2000, este tipo de comercio alternativo al implantado ha tenido un crecimiento anual de un 20%, con un valor neto estimado de 660 millones de euros en 2005. La Unión Europea es el mercado más amplio para este tipo de productos, pues en ella se contabiliza del 60 al 70% de las ventas mundiales.

Haciendo una lectura crítica, sería deseable mejorar ciertos aspectos de este tipo de tiendas como pueden ser el fomento del trabajo conjunto en campañas, el diálogo entre las distintas organizaciones, la sostenibilidad de las tiendas o dinamizar la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.