El apetito por todo lo que suene a "sano" ha llevado a los supermercados de Esta dos Unidos a comprar productos de Bolivia, Venezuela o Suráfrica para satisfacer una demanda que los productores domésticos no logran abas tecer.
Es la "revolución orgánica", como se conoce en Estados Unidos a los productos que siguen unos ciertos estándares fijados por el Gobierno y que supuestamente están libres de pesticidas, hormonas, antibióticos e ingenierÃa genética.
La tendencia promete engordar considerablemente las arcas de las empresas del sector.
Según la firma de investigación de mercado, Nutrition Business Journal prevé que la industria de lo "orgánico" mueva unos 15.500 millones de dólares este año, frente a los 13.800 millones de 2005 y los escasos 3.600 millones de 1997.
Ese crecimiento medio de entre 15 y 21% anual supera con creces el aumento del entre dos y cuatro por ciento que experimentan las ventas del resto de alimentos. Aunque por ahora el sector represente un pequeño porcentaje del mercado de alimentos.
La "revolución orgánica" arrancó a finales de la década de los noventa como un fenómeno aislado impulsado por consumidores "alternativos" _la mayorÃa de la Costa Oeste_ preocupados por su salud y la del medio ambiente. Pero su fuerte crecimiento parece indicar que ha dejado de ser un fenómeno aislado.
Cadenas relativamente nuevas en el mundo de "lo sano" han anunciado que duplicarán su oferta de "orgánicos", al tiempo que el sector agrÃcola se esfuerza por aumentar la cifra de granjas ecológicas, que rondan ahora las 10.000 en todo el paÃs.
Cadenas y supermercados que apuntan a un público masivo tratan, al incrementar su lÃnea de productos ecológicos, de robar parte de la lucrativa clientela de cadenas convertidas ya en paraÃso de los amantes de lo "orgánico".
El arma con el que pretenden competir son unos precios más bajos, al comercializar los productos orgánicos bajo sus propias marcas, con lo que se ahorran los elevados gastos de publicidad.
El avance de lo orgánico parece, pues, imparable, aunque los expertos advierten que, pese a su preocupación con una vida más sana, los consumidores no parecen tener muy claro qué es exactamente lo que significa "saludable".
