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La basura es un problema porque su producción va en aumento y no hay un
manejo apropiado ni un control de sus impactos. Por una parte, su
manejo demanda montos considerables del presupuesto de los
ayuntamientos y la disposición final es la única forma de deshacerse de
la basura. No hay tratamientos de los residuos y son escasos los
programas efectivos de separación, por lo que la mayor parte de la
basura termina enterrada en condiciones deplorables y ocasionando altos
niveles de contaminación en el sitio y en la región.
La responsabilidad del manejo de los residuos sólidos la tienen los ayuntamientos y éstos, por lo general, no cuentan con el personal capacitado, ni los recursos económicos para brindar un servicio de recolección eficiente y un tratamiento que no ocasione contaminación ambiental. En la realidad, los gobiernos locales se ven rebasados por las montañas de toneladas de basura que generan las actividades de producción, comercio y consumo.
¿Cuánta basura se tira?
La
generación de residuos tiene relación directa con los patrones de
consumo de la población. Tales patrones han cambiado en las últimas
décadas hacia el uso de más material para empaques, vida útil más corta
de los productos y mercancías, reducción de los tipos de envases y
botellas retornables, así como un aumento en empaques y materiales que
se definen comercialmente como “desechables”.
Si
en 1950 cada habitante tiraba unos 300 gramos de residuos y el país
tenía 25.8 millones de habitantes, ahora, en la primera década del
siglo XXI, ha triplicado los montos de generación de residuos y tira
unos 900 gramos . El último censo nacional apunta que la población
supera los 103 millones de mexicanos. Lo anterior significa que si en
los cincuenta se generaban 7 mil 740 toneladas de residuos, para el
2005 son unas 93 mil toneladas cada día. Como se puede apreciar, el
problema se ha crecido de manera exorbitante. El manejo de cada
tonelada de residuos municipales cuesta un poco más de 200 pesos, por
lo que la estimación del costo de su manejo –distribuido en los
ayuntamientos del país– está en el orden de los 20 millones de pesos
diarios y unos 7 mil 300 millones de pesos anuales.
Los
patrones de consumo no son iguales en todo el país y se pueden
encontrar diferentes condiciones y variables que inciden sobre éste en
diversas ciudades mexicanas. Esto se ilustra con la generación de
residuos municipales, pues los estudios de las diversas ciudades
reportan cantidades
per capita que van de los 715 gramos en
Morelia, a los 898 gramos en Hermosillo y 914 en Guadalajara. Se estima
que, en promedio, cada mexicano tira unos 900 gramos diarios de basura,
aunque en la zona metropolitana de la Ciudad de México el monto puede
llegar a los mil 400.
Durante
la década de los noventa, los residuos que generaba el Distrito Federal
representaban el 14 por ciento del total nacional, con un promedio
diario de 12.5 mil toneladas y cerca de 4 mil 581 millones de toneladas
anuales. Para 2008, se calcula que la zona metropolitana de la Ciudad
de México generó más de 20 mil toneladas diarias.
En segundo lugar de producción de residuos, vienen las ciudades de Monterrey y Guadalajara, cuya generación de residuos municipales es superior a las 4 mil 500 toneladas diarias.
El reto de la gestión integral de los residuos
El manejo de los residuos plantea una serie de retos para controlar la alta producción de basura, para establecer sistemas eficientes de recolección y transferencia, así como controlar los vectores de contaminación en los vertederos. Estos problemas de manejo de residuos se relacionan directamente con la voluntad política para resolverlos y con los recursos financieros necesarios para solventar el servicio, esto en el nivel de los gobiernos locales. Si bien es cierto que en muchos municipios se evidencia una falta de compromiso de las altas autoridades, también es una realidad que los ayuntamientos carecen de los recursos necesarios para costear un servicio eficiente y con una cobertura amplia.
El desafío de la gestión
pública en cuestión de manejo integral de residuos es múltiple. En
primer lugar hay que mencionar el impulso necesario a programas de
amplia participación social que incorporen a grupos vecinales en la
transformación de basura en residuos, en subproductos materiales para
el reciclaje. Así pues, las nuevas propuestas para un manejo
sustentable de los servicios urbanos giran alrededor de la
participación ciudadana y la cogestión de los residuos.
En
segundo lugar viene el proceso de reciclaje propiamente. Incluye, por
una parte, la consolidación de programas de separación y, por otra, la
eficiente comercialización de los materiales separados para
incorporarlos como materia prima en un proceso de producción
industrial. Es importante promover y consolidar nuevos mercados para la
comercialización de materiales separados provenientes de los programas
de manejo de los residuos sólidos municipales. Hasta ahora, ése ha sido
el cuello de botella que ha desalentado los programas de separación
porque no es fácil comercializar los subproductos separados. Los
residuos separados no van al vertedero por lo que no producen
contaminación.
En
tercer lugar está la minimización o reducción en la producción de
basuras. Aunque las estrategias disponibles para lograrlo actualmente
son pocas, se requieren cambios sustantivos en las formas de
distribución y comercialización de productos. La minimización tiene que
ver con una serie de acciones enfocadas a generar cambios en los
sistemas productivos (por ejemplo: evitar los empaques desechables) y
modificaciones de fondo en los actuales patrones de consumo. La
reducción implica generar menos desechos de empaques y materiales pues
así las personas tirarían menos basura.
La
Ley General para la Prevención y la Gestión Integral de Residuos,
aprobada en el 2003, brinda un marco normativo que permite enfrentar el
problema de los residuos urbanos con una gestión pública más coherente
con los principios ambientales y con mayor eficiencia en el rubro
administrativo. La ley ha reorientado las políticas públicas en materia
de manejo de residuos hacia la gestión integral para el desarrollo
sustentable a partir de un esquema de responsabilidad compartida entre
las autoridades y los ciudadanos.
El reto es impulsar la gestión integral de los residuos sólidos municipales como parte de una amplia agenda municipal para el desarrollo regional sustentable. Este tipo de gestión es compleja y sólo se consolidará a partir del compromiso de los ayuntamientos y de la amplia participación ciudadana.
La obligación de separar los residuos en Jalisco
La
Norma Ambiental Estatal NAE-SEMADES-007/2008 del estado de Jalisco, que
entró en vigor a finales del año pasado, establece “los criterios y
especificaciones técnicas bajo las cuales se deberá realizar la
separación, clasificación y valorización de los residuos”. Es decir, la
publicación de la norma referida establece que es obligatorio para los
ayuntamientos y las empresas que son responsables del manejo de
residuos en el estado.
La
norma fue redactada por la Secretaría Estatal del Medio Ambiente para
el Desarrollo Sustentable (Semades) y está dirigida, en primer lugar, a
los ayuntamientos que son los responsables de brindar el servicio de
limpia en los municipios. En segundo lugar, se dirige a las empresas
concesionarias de los servicios de recolección y disposición final de
residuos municipales. Y en tercer lugar, a las empresas que brindan
servicio de recolección a comercios e industrias.
Aunque
la norma tiene una buena intención y es deseable promover la
separación, el hecho es que un decreto no es la solución mágica para un
problema de grandes dimensiones. Para recolectar separada la basura,
mantenerla separada y usarla como materia prima (reciclaje) se
requieren de cambios importantes en los procesos y en las formas
tradicionales de manejo de residuos.
Tales
cambios implican nuevos conocimientos, inversiones considerables en
equipo de recolección separada, sistemas de control de calidad de la
separación, programas de comercialización de materiales recuperados,
industrias capaces de absorber el flujo de materiales para producir
nuevos productos y un consumidor que busca comprar mercancías que
tienen un componente de materiales reciclados (compra verde).
Cuando no se está
preparado para realizar el cambio de la estrategia de gestión de
residuos, el resultado deja mucho que desear. Los ayuntamientos de
Jalisco, como los del resto del país, no están preparados para el
cambio y han improvisado mecanismos para tratar de cumplir, a medias,
con la recolección separada.
En
el caso del municipio de Guadalajara, la empresa concesionaria Caabsa
no tiene interés en manejar los residuos separados, ni en promover una
gestión integral; su negocio es que se produzca más basura y enterrarla
al costo más barato; evitando, en lo posible, cumplir con la
normatividad ambiental vigente. Por lo tanto, la recolección separada
se reduce a recolección de material orgánico los lunes, miércoles y
viernes, y los inorgánicos, los martes, jueves y sábados.
Después
de cuatro meses de vigencia de la norma de separación, ésta sólo se
hace en un sector del municipio. La recolección separada no tiene
supervisión, por lo que si un usuario se equivoca de tipo de
materiales, o no quiere separar sus residuos, el camión recolector de
cualquier manera recoge sus basuras de la misma forma que lo hacía
antes. Se estima que más de la mitad de la población sí ha respondido
al llamado de separar sus residuos. La otra mitad podría responder
también si se viera bajo la lupa de la supervisión a la hora de
entregar sus residuos.
Por otra parte, un seguimiento al camión recolector que va a descargar al vertedero Los Laureles, comprueba que al llegar a este sitio deposita su carga directamente en la trinchera donde es enterrado. En el sitio no se sigue el proceso de terminar el proceso de separación de todos los materiales por lo que no se comercializan ni son aprovechados por la industria.
Esto
se debe en parte en la actitud negativa de la empresa concesionaria
respecto a la norma de separación. Otra razón, también de mucho peso,
es que los precios de los materiales recuperados han caído
considerablemente al aumentar la oferta, mientras las pocas industrias
que absorben el flujo de estos materiales se han visto saturadas. Esto
es un cuello de botella que obstaculiza las buenas intenciones de
separación.
Por último, las empresas e industrias no generan productos con material reciclado porque al consumidor mexicano no se hace a la idea de que los productos nuevos que compra tengan algo de “basura” sucia. Lo cual no es así. Tal actitud del consumidor inhibe el desarrollo de nuevos productos reciclados y por lo tanto no hay una buena demanda de materiales separados.
Prohibir las bolsas de plástico ¿una solución?
El
17 de marzo pasado, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó
una modificación a la Ley de Residuos Sólidos en la que se prohíbe a
los establecimientos comerciales regalar bolsas plásticas para empacar
sus mercancías.
A
pesar de que la bolsa de plástico está en todas partes, su aporte al
torrente de basura que se genera a nivel municipal es apenas de 4 por
ciento. Las bolsas que regalan los establecimientos mercantiles suman
quizá 2 por ciento. Suponiendo que la prohibición de usarlas fuera
exitosa, únicamente solucionaría una pequeña parte del problema de la
basura en la Ciudad de México: 280 toneladas diarias. ¿Cómo se
efectuará el manejo apropiado de las otras 13 mil 720 toneladas diarias
de basura que produce el DF? Veamos la medida desde otro problema muy
focalizado: los pañales desechables. En el DF se recogen cada día más
de 700 toneladas de pañales usados ¿habría que prohibirlos también?
Parece
evidente que se ha abusado del uso de la bolsa de plástico y ahora la
encontramos en el supermercado, en la taquería, en el puesto de frutas
y verduras y muchas otras partes. Recibimos bolsa sobre bolsa. Es un
hecho que no queremos tantas y no sabemos que hacer con ellas, excepto
tirarlas a la basura.
La
prohibición refleja una buena intención por parte de los legisladores
que la aprobaron, pero igualmente su ignorancia respecto a un problema
sumamente complejo que no se resuelve con la promulgación de una ley
que prohíbe un artículo específico.
A
Estados Unidos llegó el furor del “plástico biodegradable” a principios
de los años noventa. Sin embargo, duró poco cuando después de un
escrutinio detallado se determinó que tales plásticos eran más un
resultado de una estrategia de comercialización que un producto
realmente biodegradable.
En aquel entonces se le añadían ciertos aditivos al plástico, por lo general a base de harina de maíz, que supuestamente garantizaban la biodegradación. Algunos expertos señalaron que, a final de cuentas, tales bolsas resultaban en un mayor desperdicio de plásticos pues las bolsas biodegradables eran más gruesas, de otra manera se rompían fácilmente.
Algunos
estudios del profesor William Rathje (Universidad de Arizona) en
rellenos sanitarios de Nueva York, Chicago, Phoenix y Tucson
determinaron que las bolsas de plástico “biodegradables” se rompen y
forman escamas (pedazos pequeños de plástico) en el contexto del
entierro de basura, pero eso no significa que se degraden.
La
conclusión es que se puede hablar mucho sobre la “biodegradación” de
ciertos plásticos y otros materiales sintéticos, pero su degradación
completa en las condiciones específicas de los vertederos es algo que
está por demostrarse aún.
Por
otra parte, el papel es un material más benigno con el ambiente y es
100 por ciento reciclable. Lo anterior quiere decir que si queremos
separar y reciclar el papel lo podemos hacer sin mayor problema. Pero
que un artículo o un material de papel sea reciclable, no quiere decir
que será, de manera automática, reciclado por los consumidores. Si las
bolsas de plástico se cambian por bolsas de papel grueso puede traer un
gran beneficio. Siempre y cuando estas bolsas se separen y se reciclen.
De otra forma, el impacto ambiental será negativo a la larga porque
usaremos más papel y terminaremos talando más árboles para producirlo.
Las
pretendidas soluciones fáciles y por decreto son una ilusión de que se
puede cambiar el mundo con una frase escrita, sin hacer nada más y
dejándole toda la responsabilidad a un sector específico de la
sociedad: los establecimientos comerciales. El problema de la basura se
solucionará con una combinación de políticas públicas novedosas, con
programas sólidos de gestión, con educación y cultura ambiental, con
participación ciudadana y con el compromiso de todos. Las leyes y las
prohibiciones pueden jugar un papel importante en una estrategia
integral de manejo sustentable de residuos. Pero por sí mismas y de
manera aislada no resultan en una solución casi milagrosa a los grandes
problemas que afrontamos en el manejo de las basuras.


