;
E n la época moderna, el bienestar se entiende principalmente como crecimiento económico, y éste arrastra consigo el consumismo y la contaminación ambiental. En el mundo se producen y envían al mercado miles de nuevos productos con presentaciones llamativas para los consumidores que no son otra cosa que residuos potenciales, que se compran para ser utilizados y poco después desechados. En algunos países (Estados Unidos, Japón, Alemania y los países nórdicos) se buscan y aplican otras técnicas para el tratamiento de la basura. El reciclaje y la incineración son algunas de las más practicadas y través de ellas se promueve una relación más amigable con el ambiente: se ahorra energía y recursos naturales, además se evita la contaminación de los suelos y los mantos acuíferos.
En países como México la razón que exponen los gobiernos para no utilizar estas técnicas todavía son las económicas, ya que la puesta en operación requiere de cuantiosas inversiones. Efectivamente, pero también es preciso mencionar que los primeros esfuerzos para corregir este problema han comenzado a través de los cambios en actitudes de consumo y de realizar prácticas simples de separación, tratamiento y disposición de los residuos. Este artículo intenta identificar algunos de los problemas detectados en nuestro país durante el proceso de consumo de un producto y la disposición de sus residuos, al mismo tiempo se identifican las soluciones que países europeos han manejado en las últimas décadas.
Procedimientos para la gestión de los residuos domésticos
En
las últimas décadas, el crecimiento de la población en México se ha
concentrado en las ciudades, donde los habitantes consumen enormes
cantidades de artículos y generan igualmente volúmenes crecientes de
basura. En cuanto al servicio de limpieza y recolección, con frecuencia
es deficiente. Ante esta situación, los habitantes dejan sus bolsas de
basura fuera de sus viviendas, sin una separación previa de los
materiales o productos que podrían ser reutilizados con algún otro fin.
Aparentemente,
lo que ocurre con la basura una vez que ésta se encuentra fuera del
hogar no tiene importancia; pocos se interesan por conocer el destino
que recibirá o lo que sucede si no es recogida por el servicio de
limpieza. La justificación ante dicha apatía se basa en la creencia
generalizada de que el único responsable de resolver este problema es
el gobierno. En México no se tiene aún conciencia del beneficio que
traería consigo la separación de la basura desde el punto de origen,
desde las viviendas.
En
los países pertenecientes a la Unión Europea se adoptó desde 1975 una
ley que exige a los gobiernos garantizar una gestión segura de la
basura con la que se minimicen los efectos perjudiciales causados por
la recolección, transporte, tratamiento, almacenamiento y disposición
de los residuos. Asimismo, esta ley fomenta el uso racional de los
recursos a través de la reducción y recuperación de la basura,
actividades en las que cada sector de la sociedad tiene que participar
de distintas maneras. Estas se ejemplifican en el siguiente cuadro.
Obligaciones de los sectores sociales en la Unión Europea
Tras los primeros años de operar bajo los lineamientos exigidos por la ley, los países europeos coinciden en que la recolección y tratamiento de la creciente cantidad de basura generada es una actividad demasiado costosa para los municipios y en la que, además, debe intervenir la industria para cumplir cabalmente con el principio de responsabilidad extendida del productor.
El decreto Töpfer
El primer país en delegar a la industria la obligación de recoger sus productos, específicamente los envases desechados por los consumidores, fue Alemania. En 1991 publicó una ordenanza que obliga a las empresas a recoger sus envases desechados por los consumidores de sus productos. Con el fin de facilitar dicha labor a los productores, la ordenanza, conocida más bien como decreto Töpfer, ofrece dos alternativas de recolección:
Sistema de depósito, devolución y retorno.
Los productores cobran a los clientes por el uso de sus envases. Este
cobro adicional lo paga el consumidor final y el monto le será
reintegrado cuando el envase sea devuelto al productor o al expendedor.
Este sistema es similar a lo que en México se conoce como el pago de
importe por envases retornables.
Sistema integrado de gestión.
Este segundo sistema está configurado de manera tal que los
productores-envasadores que no quieren tener las obligaciones del
sistema anterior, puedan librarse de ello y dejar esa función a agentes
económicos privados. Este sistema debe garantizar que los envases sean
recogidos periódicamente en el domicilio del consumidor. El
financiamiento de este proceso lo realizan los productores al pagar por
cada envase que ponen en el mercado.
Este segundo sistema es el más difundido en toda Europa. Los envases integrados a este sistema se distinguen por portar un logotipo conocido como “punto verde”, que comenzó a funcionar en Alemania en 1991. Una de las peculiaridades de este sistema es que delega en los ciudadanos parte de la responsabilidad para que el programa funcione adecuadamente, de modo que su éxito está condicionado, en gran medida, a la sensibilización y educación ciudadana para la separación de su basura.
Consumidores ambientalmente responsables
Desde
la puesta en marcha de estos sistemas los consumidores tienen que
realizar distintas actividades para desprenderse de los residuos:
Separación cuádruple en origen. Los consumidores finales tienen que separar la basura antes de ser entregada al servicio de recolección en hasta cuatro recipientes distintos. Uno de ellos es una bolsa amarilla que se entrega gratuitamente en sitios oficiales y deberá contener exclusivamente materiales portadores del “punto verde”, como botellas, empaques y bolsas de plástico, así como latas y envases metálicos. El segundo contiene los restos de comida, tierra y materia orgánica del jardín. El tercero, únicamente cartón, restos de papel de oficina y material impreso. Por último, el cuarto recipiente contiene todos los residuos no reciclables, tales como ropa vieja, pañales, restos de productos higiénicos, polvo, escombro, entre otros.
Recolección
selectiva en contenedores. Estos recipientes se localizan en las calles
o zonas comunes como parques y estacionamientos. Las personas acuden
allí para desprenderse de materiales como botellas y envases de vidrio.
Cambiar
el estilo de producción, consumo y desprendimiento de un producto no es
sencillo. Pero ha funcionado bien la combinación de educación
ambiental, legislación pertinente y pago de impuestos ciudadanos, ya
que logró que los consumidores tomen conciencia de que el manejo de los
residuos es una responsabilidad compartida. Además, paga más quien más
basura produce.
El resultado de la iniciativa por parte de las empresas, de los ministerios de medio ambiente y las ONG para la difusión de temas ambientales en los medios de comunicación y con programas educativos que han creado una cultura ambiental (junto con la presión reguladora del Estado), se expresa en mejoras sustanciales en el tratamiento de la basura. Y, claro, con repercusiones económicas y ambientales favorables para la sociedad en general y para la protección del medio ambiente. Esto se demuestra al comparar los datos de lo que pasaba con la basura hace más de una década y actualmente.
Como se aprecia en esta tabla, el cambio más evidente es la disminución de los residuos que son destinados al entierro. Pero este simple cambio en la gestión ha traído consigo muchos otros beneficios, como la mejora ambiental y la prolongación del tiempo de vida de los rellenos sanitarios, la reintroducción de materiales en el ciclo de vida de los productos, ahorro de recursos naturales y energía, además de cambios de conducta en la población.
Lo que queda por hacer
Los
ciudadanos mexicanos no podemos quedarnos de brazos cruzados y creer
que algo así solamente se logra en otros países. Existen actividades
muy sencillas que podemos realizar en el hogar, adaptadas de la
experiencia de los europeos y con las que comenzaríamos a tomar el
control de este asunto. Por ejemplo:
Separar nuestra basura desde el momento en que la producimos. La basura generada en la cocina podría ser dispuesta en una bolsa diferente a aquella en la que pongamos botes y latas y otros materiales reciclables.
Entregar en los centros de
acopio el papel y las latas, o donar estos materiales a otras personas
para que las vendan. Incluso los encargados de recoger nuestra basura
se alegrarían de que ésta estuviera separada, pues podrían separarla de
una manera más sencilla y venderla posteriormente.
Preferir
el consumo de productos con menos empaque, pues así reduciremos la
cantidad de basura inútil. Que los productos no tengan empaques
llamativos no significa que estos tengan una calidad inferior.
Ahorrar
en el uso de bolsas de plástico. En su lugar, podemos retomar las
antiguas usanzas de nuestros padres o abuelos y llevar con nosotros la
bolsa para las compras.
Éstas y algunas otras actividades son lo mínimo que podemos hacer como ciudadanos preocupados por preservar nuestro medio ambiente.




