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Durante 14 años, el TLCAN ha provocado el desplazamiento de los agricultores y estimulado la migración. La respuesta de las bases de México: cooperativas y comercio justo.
"La fecha fatal ha llegado", anunció uno de de los periódicos más grandes de México, El Universal, el día de Año Nuevo de 2008. Las últimas de las barreras comerciales entre Canadá, México y Estados Unidos cayeron el 1 de enero, completando el proceso de implantación paulatina del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de 14 años de duración. Si bien este hito recibió pocos comentarios en Estados Unidos, más de 100.000 maestros, estudiantes universitarios, activistas, agricultores y ganaderos marcharon en la Ciudad de México.
Los manifestantes de Año Nuevo exigieron a su gobierno reabrir las negociaciones sobre el TLCAN. Cuando eso no sucedió, aproximadamente el doble de gente salió a las calles de nuevo el 31 de enero de 2008. Otro periódico resumió la situación: "Explota lucha frontal contra el TLCAN".
Durante casi dos décadas, los agricultores mexicanos se han pronunciado en contra del TLCAN, un acuerdo comercial que sospechaban desde el principio causaría estragos en el sector agrícola de su país. Han hecho sonar su voz fuertemente en la capital de México, mientras que desarrollan silenciosamente sus propias respuestas al TLCAN en las comunidades agrícolas de todo el país: modelos operativos de "comercio justo" que consideran a las personas y al medio ambiente, y no sólo los márgenes de beneficio.
Hacia 2003, 1,3 millones de campesinos mexicanos habían perdido sus medios de subsistencia a causa del TLCAN. Muchos de los campesinos desplazados vinieron al norte en busca de trabajo. La migración mexicana a EE.UU. se incrementó cerca de un 75 por ciento en los cinco años posteriores en los que el acuerdo comercial entró en efecto. Incluso fuera del sector agrícola de México, el TLCAN no ha sido de gran beneficio. El representante del Banco Mundial en México recientemente admitió, "no hemos visto ningún progreso [en la economía de México] en los últimos 15 años".
Al norte de la frontera, sólo ha habido ligeros progresos. En 2003, la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU. estimó que el TLCAN ha aumentado el producto bruto interno de EE.UU. sólo "una cantidad muy pequeña… probablemente algunas centésimas de un 1 por ciento". Mientras tanto, Wal-Mart se ha convertido en el mayor minorista de México.
Con
el levantamiento de los últimos aranceles sobre el frijol, el pollo, la
leche en polvo, y—lo más importante—el maíz, los agricultores mexicanos
temen la profundización de una crisis ya extrema. Las organizaciones
mexicanas desafiando al TLCAN se han reunido bajo el lema “Sin maíz, no
hay país”.
Las semillas de una economía justa
El
Año Nuevo de 2008 también marcó 14 años desde que el levantamiento
Zapatista se inició en Chiapas, México. El comunicado que emitieron en
enero de 1994, decía que su lucha era por "trabajo, tierra, vivienda,
alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia,
justicia y paz". Las comunidades Zapatistas se dedicaron a la
construcción de sus propias escuelas, clínicas de salud, e iniciativas
de comercio justo, otorgándole a los zapatistas autonomía política y
una más próspera economía local y regional.
En
2001, un grupo de 383 agricultores de café zapatistas fundó la
cooperativa de café Yachil Xojobal Chulchan. El nombre significa "nueva
luz en el cielo" o "nuevo amanecer" en la lengua indígena tzeltal.
Hoy,
1.500 miembros de la cooperativa han atravesado con éxito el complicado
proceso de certificación orgánica y han creado un sistema, controlado
por los granjeros, de procesamiento y exportación, con el fin de que
más ingresos fluyan a los cultivadores de café. Chris Treter,
co-fundador de la Higher Grounds Trading Company, un proveedor
estadounidense de café Yachil, toma nota de que los objetivos de la
cooperativa se extienden desde conseguir un mejor precio para los
agricultores de café a corto plazo, hasta la construcción de una
sociedad autónoma a largo plazo.
Al oeste de
Chiapas, en el estado de Oaxaca, la Asociación de Comunidades Indígenas
de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI) comparte muchos objetivos y
estrategias con los zapatistas. El grupo de 20.000 miembros dirige
cooperativas agrícolas, capacita a trabajadores locales de la salud,
presiona al gobierno para construir escuelas, lucha por asegurar la
tenencia de la tierra, promueve la agricultura orgánica, denuncia las
violaciones de los derechos humanos, y defiende los derechos legales de
los miembros.
El grupo opera en una región que
está sintiendo la presión de la globalización económica. Los vendedores
locales en mercados al aire libre ahora deben competir con una
supertienda perteneciente a Wal-Mart llama Bodega Aurrera, que abrió
sus puertas en 2005.
El año pasado, los campesinos miembros de la UCIZONI cultivaron 12.000 toneladas de maíz. Con la entrada de maíz fuertemente subvencionado por EE.UU. al mercado mexicano, es cada vez más difícil para la asociación encontrar compradores para su cosecha, más cara y de mayor calidad.
Oaxaca
puede ser la fuente de la más amplia diversidad de variedades de maíz
en el mundo. Más de 5.000 años atrás, el maíz fue adaptado de un
progenitor no comestible, el teosinte, no muy lejos de donde los
miembros de UCIZONI hacen crecer sus cosechas hoy. El Códice
florentino, uno de los textos Mexicanos supervivientes más antiguos,
dice: "El maíz es nuestro alimento, nuestra vida, nuestro ser". De
acuerdo con la cosmología maya, las personas descienden del maíz.
El
maíz proporciona casi el 60 por ciento de las calorías de la dieta
mexicana. Es comido como tortillas, tamales, y en la región de UCIZONI,
como totopos horneados. Grandes y redondas galletas que se mantienen
frescas durante meses, los totopos representan la cultura local tanto
como el maíz representa la cultura mexicana. La elaboración de totopos
es una habilidad especial, pasada de madre a hija a nieta.
Hace
unos años, UCIZONI inició la conexión de sus agricultores de maíz a
productores de totopos en las aldeas que no producen su propio maíz.
Carlos Beas Torres, el coordinador del grupo, explica, "UCIZONI compra
directamente de nuestros productores a un precio justo, y eso presiona
al mercado local para ofrecer un precio más elevado".
En
el proceso, UCIZONI está también creando nuevas economías locales. Un
producto es producido, procesado, vendido y consumido a nivel local,
empleando agricultores y productores, y manteniendo todo el dinero en
el área local.
Hasta el momento, el programa
es pequeño: el año pasado los productores sólo compraron 350 toneladas
de maíz UCIZONI. Sin embargo, el grupo puede replicar este programa
piloto, y dar a los agricultores locales un cierto control en una
economía fuera de control.
Los acuerdos de comercio del pueblo
Las
iniciativas de comercio justo de América Latina se extienden mucho más
allá del café y el maíz, hacia los nuevos modelos de política comercial
internacional. Los dos ejemplos más importantes son el Acuerdo de
Comercio del Pueblo, propuesto por el presidente de Bolivia, Evo
Morales, y la "Alternativa Bolivariana para América Latina y el
Caribe", o ALBA, del presidente venezolano Hugo Chávez. Bolivia, Cuba,
Dominica, Nicaragua y Venezuela se han sumado todos al ALBA. Tanto el
Acuerdo de Comercio del Pueblo como el ALBA operan en la premisa de que
el comercio no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para apoyar
el desarrollo humano y el de la comunidad.
Estas
iniciativas gubernamentales son esenciales, afirma Miguel Pickard,
co-fundador del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de
Acción Comunitaria (CIEPAC) de Chiapas. Sin embargo, dice que
"construir el poder desde abajo es la única garantía de que habrá
soluciones sostenibles. ¿Qué pasa si Chávez o Morales son derrocados
mañana?" pregunta. "Los procesos de base son de muy largo plazo. Se
necesita un enfoque dual: movimientos populares de base, independientes
y fuertes, y dirigentes radicales que ocupen cargos de poder estatal".
Pickard
ha sido un crítico vocal de una nueva iniciativa de comercio bajo la
Administración Bush que amplía al TLCAN con mayor énfasis en la
seguridad de las fronteras y acceso corporativo a los recursos
naturales. La iniciativa, denominada "Asociación de Seguridad y
Prosperidad", o SPP, se puso en marcha hace dos años en una serie de
negociaciones con los gobiernos de México y de Canadá. Debido a que la
SPP no es un tratado, no hay supervisión del Congreso, ni ningún
proceso para el comentario de los ciudadanos. El único aporte proviene
de un consejo de 30 consejeros, diez seleccionados por cada gobierno.
La lista se lee como un “Quién es Quién” de las empresas de América del
Norte, e incluye los CEOs de Bell Canada, Chevron, Ford, General
Electric, General Motors, Home Depot/Canadá, Kimberly-Clark/México,
Lockheed Martin, Scotiabank y Wal-Mart.
Pickard
considera que la naturaleza secreta y anti-democrática de la SPP es una
respuesta al creciente poder de las bases. "Catorce años después del
TLCAN, la sociedad civil está mejor organizada, informada, en red, y
movilizada", dice. No sólo han surgido redes de comercio justo, sino
que la opinión pública en toda América del Norte se ha vuelto en contra
del TLCAN, extendiéndose a la campaña presidencial de EE.UU.
Con
las elecciones de EE.UU. en el horizonte, ¿puede que la política
comercial de EE.UU. tome un nuevo giro? ¿Y si nuestro próximo
presidente escuchara las marchas de Año Nuevo en la Ciudad de México?
¿Qué pasaría si Carlos Beas Torres, de UCIZONI, en lugar del CEO de
Wal-Mart, fuese un asesor de la SPP?
La
pregunta sorprendió a Beas Torres. "Es tan difícil imaginarme a mí
mismo como parte de la SPP; mejor sólo enumero algunos elementos de una
política de comercio justa". Sus prioridades incluyen las subvenciones
a los productores rurales, la protección de cultivos nativos, los
programas de inversión rural, y lo más importante, un total rechazo del
"modelo de negocio Wal-Mart, que destruye las empresas pequeñas y
locales".
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Traducción por Guillermo Wendorff.

