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Cuba y su agrodesarrollo orgánico como modelo de sobrevivencia

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"Si matamos de hambre al pueblo cubano, ellos mismos sacarán a Castro"1 era la consigna del gobierno de los EEUU aprovechando la caída de la Unión Soviética, del comunismo, de la industria azucarera de Cuba y otros fracasados intentos de sobrevivencia económica2. Así el pueblo cubano inició una carrera agroecoógica y orgánica para salvaguardar su seguridad alimentaria que a la vez asegurara la armonía con el planeta. Se realizó una movilización orientada a las zonas rurales, se dieron tierras, casas modestas y estudios para quien quisiera honrar a la tierra y hoy el éxito del agrodesarrollo cubano se ha convertido en el modelo de vida de un mundo moderno, amenazado por cambios climáticos, enfermedades degenerativas y caídas económicas, demostrando la importancia de arreglar los problemas con nuestras propias manos.

Esa fué la imagen que apreciamos de Cuba en este su reciente II Simposio Internacional de Agrodesarrollo en la que participamos delegaciones de Africa, América Latina, Canada, EEUU y  Europa. A nuestro regreso nuestros corazones solidarios se encontraron con otro milagro: la abolición de su injusta expulsión de la Organización de Estados Americanos (OEA), y aunque Cuba no parece tener intenciones de integrarse, este hecho es señal de que algunos países de America Latina miran a Cuba como modelo de supervivencia en algunos aspectos.

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El sistema agroecológico intensivo de Cuba se basa en tres principios:
a) diversificación, mediante la inclusión de especies de cultivos, árboles y animales;
b) integración, considerando el intercambio dinámico y el reciclaje de energía y nutrientes entre los diferentes componentes de cada sistema; y
c) autosuficiencia, referida a la capacidad del sistema de satisfacer sus propias necesidades sin considerables insumos externos3.

Visitamos varios ejemplos de agricultura orgánica de pequeña y mediana escala, cuyos cultivos son utilizados para alimentar a los habitantes e instituciones de cada municipio, para la preservación y estudio de los mismos; y para los preparados medicinales (tinturas, cremas, etc) supervisados por médicos, microbiólogos, biólogos y químicos farmacéuticos. A este sistema se suma la construcción de viviendas ecológicas, a prueba de huracanes, utilizando los desechos de los mismos cultivos.

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A pesar de los éxitos, el sistema no es perfecto, pues también depende de la percepción, aceptación, cultura,  hábitos de sus beneficiarios e influencias externas. El arroz y el trigo integral aún no son muy populares, a pesar de la disponibilidad de recetas en los mercados gubernamentales. Las hortalizas no son más preferidas que las carnes, lo que me dió la oportunidad de demostrar en un foro que el aparato  digestivo humano no está hecho para el consumo de carnes; y que la leche no es realmente una fuente segura de calcio, a diferencia de la acelga que se cultiva en todo organopónico que visitamos. Otra participante agregó a esta posición, la necesidad de usar el fitoplancton de los amplios litorales como alternativa al estiercol. No dejamos de notar a cubanos subidos de peso y fumadores, lo que ha hecho que en Cuba también existan enfermedades cardiacas, diabetes, etc. a diferencia de la ausencia de mortalidad infantil y a pesar del aumento de los años de vida de la población.

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Algunos participantes nos llamaron muy especialmente la atención: una de Argentina que ha elegido sobrevir la crisis sin electricidad, compartiendo su finca y cultivos con su familia y vecindario; una doctora en sociología de una Universidad de Minnesota quien se resiste a comer vegetales frescos en invierno, en contra de la importación de los mismos, ella es miembro de un jardín comunitario, preserva vegetales y frutas en el verano para su consumo posterior; y el Dr. Alfredro Albuín de la Universidad de Matanzas quien nos explicó como las abejas, insectos y otros animales, saben exactamente que comer, capacidad que aparentemente algunos humanos hemos perdido por influencias externas de caracter social y evolucionario.

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En general hemos regresado de Cuba con una visión más amplia de la agricultura orgánica como un instrumento de salvación de la humanidad, del agua y de los recursos, en momentos cruciales de hacerle frente a problemas de salud, de medio ambiente y económicos; y con el deseo ardiente de continuar inspirando sentimientos de solidaridad con todos aquellos que hacen algo por encontrar soluciones a estos problemas.

Referencias:
1. Noam Chomsky, "Democracy promotions abroad" Failed States, The Abuse of power and the Assault on Democracy. Metropolitan Books 2006.
2. Medea Benjamin, "On its own": Cuba in the Post-Cold War Era, Altered States a Reader in the New World Order. Olive Branch Press 1993
3. Fernando Funes-Monzote, Santiago Lopez-Ridaura y Pablo Tittonell, "Diversidad y eficiencia: elementos clave de una agricultura ecologicamente intensiva". LEISA revista de agroecología, Abril 2009, Vol 25. numero 1.

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