Los alimentos genéticamente modificados han despertado preocupaciones y desconfianza sin fin. Ése, sin embargo, no ha sido el caso de las camisas genéticamente modificadas. ¿Por qué?
Los lectores podrán pensar que se debe al hecho de que una camisa genéticamente modificada es un artÃculo inexistente y, en parte, tendrÃan razón. Aún no se ha trazado el mapa genómico de la camisa y la heredabilidad del largo de manga aún no es reconocida por la comunidad textilera o de la biologÃa molecular.
Eso no significa que no se manipulen genes para fabricar la camisa de algodón que trae puesta. El algodón genéticamente modificado, también conocido como algodón Bt, o transgénico, es cultivado en el mundo entero y está presente en innumerables cantidades y estilos de ropa.
Numerosos consumidores quieren que los alimentos elaborados con plantas genéticamente modificadas porten, por lo menos, una etiqueta, con el fin de estar informados de lo que compran. Y, sin embargo, ¿qué es más personal? ¿El maÃz? ¿O las camisas? Tal vez el maÃz.
Pero, ¿qué hay de la ropa interior? ¿Cómo se sentirÃa el mundo, cómo reaccionarÃa usted, al saber que en el momento preciso en que lee estas palabras, puede traer puesta ropa interior transgénica?
El algodón Bt ha sido modificado con el fin de incluir material genético procedente de una bacteria llamada Bacillus thuringiensis, o Bt. Puede sonar alarmante, mas la Bt generalmente es considerada como una toxina buena. Es ampliamente empleada por los jardineros orgánicos como alternativa a pesticidas más potentes. Lo que hace este algodón es producir su propia toxina Bt, que le hace la vida más fácil al agricultor y complica la de las plagas.
Pese a cierta oposición a los cultivos genéticamente modificados, incluso aquellos que no están destinados a la mesa, el algodón ha sido tan exitoso que se cultiva ahora en todo el mundo. Es particularmente popular en Asia.
Una modificación genética similar en el maÃz ha originado mucho revuelo. Numerosos paÃses tienen reglas referentes al etiquetado de productos alimenticios que contienen organismos genéticamente modificados, también conocidos como OGM. Zambia, por ejemplo, se ha negado a importar maÃz transgénico. El algodón, sin embargo, no ha enfrentado obstáculos comerciales semejantes. La obvia razón de ello es que la gente no suele comerse sus camisas.
Otra explicación de la diferencia en nuestras actitudes hacia el maÃz y el algodón es que los humanos activamente buscan mutaciones en su ropa.
Por ello, es poco probable que los consumidores exijan etiquetas de advertencia en sus prendas de vestir. Sin embargo, dichas etiquetas podrÃan constituir un argumento de venta para algunos fabricantes y diseñadores. Algunos consumidores podrÃan disfrutar del hecho de poseer ropa identificada como genéticamente modificada, aunque el algodón, y no la camisa, sea lo que ha sido objeto de alteraciones.
Ya existe una etiqueta que puede buscar el grupo reducido, aunque probablemente vehemente, de personas seriamente preocupadas por la ropa interior transgénica. El algodón orgánico, tal y como lo define el Departamento de Agricultura estadounidense, no puede ser genéticamente modificado.
No obstante, los fabricantes pueden emplear todo tipo de quÃmicos al procesar el algodón orgánico, por lo que si la ropa interior es a prueba de agua y no requiere planchado, piense dos veces antes de comprarla.
