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¿Semillas Transgénicas contra ''Criollas''?

No hay otra vía que la innovación tecnológica para enfrentar los retos de la autosuficiencia en ciertos productos, vencer la desnutrición o el hambre, posibilitar la autonomía alimentaria, o política de ciertas comunidades tradicionales.

Con un gran desfase respecto de países avanzados y de algunos en proceso de desarrollo, los científicos de nuestro país han iniciado el despegue de la genómica humana y de organismos vegetales. Al respecto, recientemente los científicos del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio), difundieron sus resultados en la obtención de la secuencia completa del genoma del maíz palomero y días antes afirmaron estar en posibilidad de crear nuevas variedades de dicha planta, resistentes a sequías y con mayor capacidad para absorber nutrientes.

Con este propósito  los investigadores del Langebio capacitarán a científicos de otras instituciones nacionales para que aprendan a utilizar la información derivada del genoma del maíz y produzcan semillas de mejor calidad, que respondan a las características de suelo y clima de cada zona agrícola de México.

El director de dicha institución precisó que la primera etapa de este proyecto de amplio alcance, se pretende obtener una nueva variedad  de maíz con genes resistentes a la sequía y con asimilación de fósforo. Esta semilla estará lista para cultivo en un máximo de tres años. Adicionalmente, se definirá un área maicera en el país que tenga problemas comunes de sequía, uso de fertilizantes y calidad de grano, para implementar pruebas piloto de siembra con la nueva semilla. Hay que puntualizar que sólo serviría para algunas zonas que presenten las condiciones que pretenden atender con la nueva variedad de maíz que crearán.

En consecuencia, dependiendo de los resultados en esta primera zona, se podrán extender los experimentos a otros lugares adaptando la semilla a las necesidades locales.

En realidad todos los cultivos proceden de semillas que han sido genéticamente modificadas con respecto a su estado silvestre original, mediante la domesticación, la selección y el mejoramiento controlado a través de períodos prolongados, en ocasiones, de siglos. De este proceso han surgido las llamadas semillas "criollas".

Algunas instituciones han llevado a cabo procesos más acelerados y orientados científicamente a la obtención de las semillas mejoradas. Éstas se obtienen cruzando diversas variedades de maíz para lograr semillas con algún gen que sirve a un propósito particular, como la sequía. Esta técnica, de alcance limitado, toma por lo general décadas. Con la tecnología genómica se pretende lograr semillas genéticamente modificadas que atiendan a varios problemas a la vez.

Con la secuencia o genoma de maíces (es decir, conociendo las funciones de cada gen, los investigadores pueden utilizar los genes de diversas variedades para crear una nueva variedad, a la cual se le han insertado los diversos genes que satisfacen las necesidades para vencer los problemas específicos que presenta el cultivo en determinada zona del país. Los problemas se deben a las características de los suelos, la reducida precipitación pluvial, o la incapacidad de las plantas para asimilar los micronutrientes, naturales o por aplicación de fertilizantes.

Por lo pronto, las instituciones que participan en este proyecto de amplio espectro, no han podido ponerse de acuerdo para determinar la zona en la que se llevará a cabo la primera etapa. En cuanto lo hagan vendrá la gestión de recursos, cuya fuente será en este caso seguramente la SAGARPA  De modo que dependiendo de los recursos que proporcione el Gobierno federal, y en determinado momento, los recursos estatales, en un plazo no mayor de tres o cuatro años habrá una amplia variedad de maíces que atiendan a los problemas de diversas zonas, cuya aplicación  permitirá incrementar la productividad y el volumen de producto, así como controlar y mejorar la calidad de las semillas.

El desarrollo de semillas transgénicas realizado en centros de investigación nacionales  y su aplicación, permitirán romper el círculo vicioso de la cada vez más exigua producción por persona que vive de la agricultura de temporal en las zonas más pobres o excluidas del país, debido a la persistencia de procesos productivos tradicionales (con los métodos, reiteradamente aplicados, los mismos instrumentos e insumos); sobre una disposición de tierra de mala calidad y/o empobrecida su capacidad nutritiva por el monocultivo; con un clima adverso y con una superficie per cápita que cada vez se reduce más (debido a la  mayor  supervivencia de los hijos y demás integrantes de la familia).

Por otra parte, el que estén las secuencias de los nuevos maíces en control de los centros de investigación nacional, permitirá también controlar la reproducción y la venta de estas variedades, al margen de los intereses comerciales de las grandes compañías nacionales y extranjeras que se dedican a la producción y comercialización de semillas. Debe prevalecer el interés por el bienestar de millones de productores marginales mexicanos, así como aumentar la producción de maíz destinado al consumo humano directo (maíz blanco).

La inalterabilidad de los usos y costumbres, incluyendo los procesos productivos, no es una sana recomendación para la nutrición y la salud en general de quienes dependen de la aplicación de las tradiciones productivas. Los procesos productivos están destinados a satisfacer necesidades y si la necesidad es una vida larga, sana e independiente, no mejorar los procesos productivos la contraviene; salvo que se desee que la familias que dependen de explotaciones agrícolas tradicionales, se vuelvan destinatarios eternos de la asistencia pública. Tal vez estamos en el umbral de destinar a bancos de genoma, las semillas criollas, y sustituir éstas por las nuevas variedades transgénicas.