Al hablar de su libro "Los transgénicos" (Ediciones Mundi-Prensa), que ya está distribuyéndose -por supuesto- en España y que "saldrá en dos semanas más para América Latina", el cientÃfico defendió el uso de los transgénicos, alegando que "es difÃcil que una persona no haya consumido alguna vez estos productos", sólo que sin saberlo. En esto tiene mucha razón. Varias margarinas, jugos "frutales" y otros productos de mercado hoy llevan compuestos de soja, transgénica, sin que en sus envolturas lo digan
Villalobos es coordinador de asuntos internacionales del ministerio de Agricultura de México y asesor del Programa de BiotecnologÃa de Irán...
"En los próximos 50 años habrá dos mil millones de personas más y tendremos para sembrar la misma extensión territorial, por lo que es necesario utilizar las nuevas tecnologÃas para producir alimentos", dijo. ¿No les parece haber escuchado eso antes? ¡Ah! ¡SÃ! ¡En los años 50, cuando se promovÃa la Revolución Verde, introductora de los agroquÃmicos en todo el mundo!
"Incluso, desde 1996, cuando comenzaron a producirse los transgénicos de soja, maÃz, algodón y colza", sigue el funcionario de Calderón "la humanidad ha consumido unas 470 millones de toneladas de esos alimentos..." Esto demostrarÃa, para él, su inocuidad.
"El 95 por ciento de la soja que se consume en el mundo es transgénica, asà que es difÃcil que una persona no haya consumido alguna vez estos productos", enfatizó.
De acuerdo con cifras divulgadas en el libro, en 11 años han sido sembradas 102 millones de hectáreas de soja en 22 paÃses, entre ellos España y México.
Con estas siembras "se han visto beneficiados" 10,3 millones de agricultores, "90 por ciento de los cuales son pobres" aseguró el profesor Mexicano.
Villalobos añadió que en México, donde no está permitida la siembra de semilla de maÃz modificada, "se debe aprovechar que recientemente fue descubierta la cadena genética de ese producto" básico para la alimentación nacional.
El discurso de los ladrones
Tramo por tramo este verdadero manifiesto de los defensores de la transgenia constituye una insidiosa manipulación de los conceptos. Comenzando con el latiguillo del hambre mundial, utilizado por los cientÃficos a sueldo de los poderosos desde Malthus. Hacia fines del siglo XVIII el cientÃfico pronosticó que la humanidad padecerÃa serias hambrunas, en vastos sectores del mundo, de continuar con su "crecimiento geométrico".
Casi contemporánemente, otros cientÃficos refutaron definitivamente su concepción. Phroudon, Saint Simon, Marx, entre los más conspicuos, demostraron cientÃficamente que el problema central de la humanidad no es la escasez de recursos, sino su errónea distribución. Por razones obvias, Malthus tuvo -y tiene- una repercusión mediática abrumadoramente mayor que Marx, hasta el dÃa de hoy.
Tanto en aquella época, como ahora, un porcentaje mÃnimo de la población, oscilando siempre entre un 5 o 10 % de los humanos, controló porcentajes insultantes de la riqueza mundial, superando a veces el 50 % de lo producido.
Vergonzosas "tácticas comerciales", como las de los empresarios bananeros de Centroamérica o los cafeteros echando toneladas de esos alimentos al mar, para imponer alzas en los precios, fueron frecuentes durante todo el siglo anterior lo son hoy. Ellas constituyen algunos de los innumerables estigmas sobre las generaciones de criminales y mentirosos que supieron hacerse con la riqueza y el poder gracias a su maldad, desde el paleolÃtico hasta el presente. Individuos semejantes a los que hoy se hacen llamar empresarios, "doctores", o "polÃticos".
De tal manera, si los recursos de seis mil quinientos millones de habitantes que presenta hoy la humanidad, son controlados por una burocracia que no supera el millón de personas, dependientes a su vez de la decisión real de otras no más de 100.000, el mundo es en realidad una semi encubierta prisión. Es claro que esos cien mil, poseyendo la decisión final sobre el 70 % de los alimentos del mundo, preferirán tirarlos antes que compartirlos con alguien, si no van a obtener ganancia.
"Mi comida es mÃa y nada más"
Durante el año 1994, siendo periodista de un diario argentino, me tocó integrar una "selecta" delegación que la empresa Austral invitó para conocer sus servicios en Buenos Aires. Entre otras agasajos y paseos se nos llevó a conocer el "Cattering", palabreja que por alguna razón se utiliza para denominar el sitio donde se preparan y empaquetan los alimentos que se van a servir en el avión. La bonita camarera que nos guiaba, señaló que a cada vuelo, de los numerosos que todos los dÃas la empresa efectuaba a diferentes lugares, dentro o fuera del paÃs, se le proveÃa de comida fresca, preparada unas horas antes del viaje. Respecto de los sobrantes, anecdóticamente contó que "antes", cuando la empresa era controlada por AerolÃneas Argentinas, la comida sobrante se distribuÃa entre los indigentes que durante todo el dÃa solÃan formar larguÃsimas colas ante los portones para recibirla. Pero ahora, que habÃa pasado a capitales españoles, la orden estricta era "tirar todo lo que sobraba de cada vuelo y otros excendentes, de inmediato". Comida hecha tres o cuatro horas antes, era colocada pues en grandes compactadoras, que las convertÃan pronto en material descartable. Con una sonrisa, la camarera creyó esclarecer esta conducta con un deplorable clissé: "...es la eficiencia suiza", exclamó. (Pues el "cattering" habÃa pasado a manos de una empresa suiza.)
Espantado, mientras nos conducÃan por un pasillo a conocer otra sección de Austral, le dije a quien por azar caminaba a mi lado:
-¡Qué increÃble! ¡Millones de personas se mueren de hambre en la Argentina y estos tiran toneladas de comida de primera calidad, todos los dÃas"
El tipo, regordete, alto, anteojos culo de sifón, me miró con repugnancia y contestó:
-Pero viejo... mirá que ponerte a pensar en esas cosas ahora... disfrutá el momento, querido... pensando asà siempre vas a ser un amargado.
Aquel personaje, de unos 40 años, de origen humilde, era entonces director de Radio Nacional. Ahora tiene su propia radio, y al parecer le fue "bien": la última vez que lo vÃ, hace unos meses, en una antesala gubernamental, portaba en sus robustos dedos anillos de oro de un volumen poco visto.
Con esta pequeña anécdota quiero graficar cómo se genera la inmensa red mundial de periodistas corruptos -hablo de periodistas, colegas, no de empresarios periodÃsticos, que suelen ser corruptos por convicción-, para constituir la impenetrable coraza de mentiras que protege a los opresores.
Los magos negros
El mito de Malthus fue reafirmado por su coterráneo Darwin, al establecer la vigencia de cierta "ley de la naturaleza" , la cual llevarÃa a todo ser viviente a constituirse en enemigo de sus semejantes.
En esa lÃnea de pensamiento -sustentada trescientos años antes, en realidad, sobre las doctrinas protestantes-, resulta imposible evitar la injusta distribución de las riquezas: no serÃa otra cosa que la expresión, en el plano económico, de la Selección Natural. Esto es, "el mundo para los más fuertes e inteligentes".
Por numerosas razones, sin embargo, habÃa que darle algún tipo de tratamiento al "problema" de los peores, esto es los débiles y los "intelectualmente retrasados". No sólo debido al feo aspecto con que se diseminaban por doquier, sino -y esto es lo preocupante-, por su irredimible tendencia a la insurrección. Que ya Lutero "padeciera" en carne propia con los campesinos alemanes, a quienes "se vio obligado a traicionar", por su levantisco carácter, entregándolos, como se sabe, a una horrenda masacre.
Los "policÃas malos" y los "policÃas buenos" fueron utilizados por los criminales en el poder desde la prehistoria. AsÃ, "resolver el problema del hambre de la humanidad", fue una consigna que les sirvió a los dominadores para perpetuar la injusticia desde principios del siglo XX hacia acá.
Hacia 1911 se obtiene en Alemania la clave para separar la producción de elementos quÃmicos nitrogenados -tales como fertilizantes, explosivos y materias primas quÃmicas- de los depósitos naturales, especialmente del nitrato de sodio. "Esta repentina disponibilidad de fertilizantes nitrogenados evitarÃa la crisis de población anunciada por Malthus", celebra hasta hoy la Historia oficial de las Ciencias. Efectivamente, fue el origen remoto de la Revolución Verde, que con la introducción de los agroquÃmicos y la mecánica en el agro, potenciarÃa hasta niveles inimaginables la productividad del campo.
Se sabe menos que Fritz Haber, su autor, organizó también el departamento de guerra quÃmica del ministerio de la Guerra de Alemania durante la Primera Guerra Mundial (entre los años 1915 y 1917). Fue responsable del desarrollo de las primeras armas de destrucción masiva que se conocen, varios gases venenosos, entre ellos el gas mostaza, que se emplearon en el campo de batalla con el horrible resultado de miles de vÃctimas mortales. Haber era un judÃo ansioso por integrar la "aristocracia aria", para lo cual intentó siempre ocultar su origen.
Como hicieron con la bomba atómica, los estadounidenses aprovecharon después los descubrimientos cientÃficos alemanes, pues, para cubrir el mundo de tractores, sembradoras mecánicas... y agroquÃmicos. Aún no estamos seguros de cuál de sus dos expansiones cientÃficas, la expresada vesánicamente en Hiroshima, o su mentada "Revolución Verde", resulta más perturbadora.
Monsanto, una de las primeras industrias que llevó a escala gigantesca las aplicaciones de Haber, fabricó durante la guerra de Vietnam el "agente naranja". Esta cruel arma quÃmica, utilizada masivamente por el ejército de EE.UU. en Vietnam, provoca malformaciones monstruosas en humanos, animales y plantas, a lo largo de muchas generaciones.
Hacia el hombre de plástico
Volvamos a los transgénicos de Villalobos (y de Calderón). La empresa que está detrás de esta colosal promoción de los transgénicos en todo el mundo es la inefable... Monsanto. La presentación del libro del mexicano y el lugar de donde sale no es antojadizo ni casual. Después de haber conquistado los cerebros de los empresarios agrÃcolas sudamericanos, el único paÃs importante del área hispana que aún escapa a los tentáculos asfixiantes de Monsanto es México.
En México todo el sistema alimentario lleva como núcleo ordenador a la tortilla. Y la tortilla se hace, desde tiempos milenarios, con base en la harina maÃz.
Conquistar el maÃz mexicano y convertirlo en transgénico es penetrar hasta el tuétano en la identidad cultural de ese pueblo. SerÃa como si los únicos tangos y chacareras que pudiéramos escuchar y bailar los argentinos, por imposición de una ley, fueran repentinamente los compuestos por David Bowie.
En realidad ya tuvimos un anticipo de esa iniquidad, cuando a fines del siglo XIX los gauchos argentinos se veÃan obligados a usar ponchos fabricados serialmente en Inglaterra.
Monsanto viene preparando sigilosamente el desembarco mundial del maÃz transgénico, para completar el circuito perverso de la dominación agrÃcola, combinándolo con el de la soja. La Argentina fue concesiva con la tenebrosa multinacional, ya que aquà posee extensos centros de experimentación, desde varios años atrás; los principales maÃces transgénicos que se pretende imponer en México fueron probados, pues, en tierras nuestras.
Para los antiguos mexicanos, además, el maÃz era sagrado. Y el sÃmbolo de su ser. Si ahora Monsanto vence, y con la complicidad de funcionarios antinacionales impone aquà también sus transgénicos... habrá quitado pues de los templos mexicanos a los sÃmbolos aúeros, para sustituirlos, por estatuillas de plástico.
Julio Carreras
Fuente: El Ortiba
