En las últimas semanas se ha incrementado la presión para que se autorice la siembra de maÃz transgénico en el norte del paÃs. El secretario general de la Confederación Nacional de Productores AgrÃcolas de MaÃz de México (CNPAMM), Carlos Salazar, por ejemplo, calificó de "pérdida de tiempo" esperar la reglamentación de la Ley de Bioseguridad, pues considera que se pierde la oportunidad de incrementar la productividad en el campo.
Hizo un llamado a la Sagarpa a iniciar las pruebas experimentales para la siembra de maÃz genéticamente modificado, y asà permitir a los productores ser competitivos ante la apertura total del TLCAN.
Si bien reconoció que el rezago productivo en nuestro paÃs se debe a 25 años de polÃticas públicas erradas, aseguró que el maÃz transgénico no ocasionará problemas, pues en Estados Unidos los productores lo han sembrado desde hace 15 años y, además de aumentar la productividad, podrá "eliminar miles de millones de litros de insecticidas". Otros consideran que no tener acceso a esa herramienta pone en desventaja a los agricultores mexicanos, pues la competencia con el paÃs vecino será "muy dura e inequitativa".
Llama la atención que se reiteren estos argumentos cuando numerosos especialistas en biotecnologÃa, biologÃa molecular y agronomÃa han sostenido, con base en datos de la mayor seriedad, que el maÃz transgénico comercializado hasta ahora no aumenta de manera significativa la productividad y en el contexto mexicano sà encierra riesgos importantes.
También es un hecho que con la siembra de estas semillas no disminuye ni el consumo de agua ni el uso de agroquÃmicos. Quizá se deba a que sus defensores han sido deslumbrados con falsas promesas, o tal vez a que tienen conflicto de intereses. Sólo asà se explica que consideren pérdida de tiempo que tanto Sagarpa como Semarnat estén dispuestas a cumplir con las especificaciones de la Ley de Bioseguridad, en un tema tan delicado para la seguridad alimentaria de México y el mundo como es poner en riesgo los acervos de variabilidad genética más importantes del mundo para maÃz.
A partir de datos concretos y comprobables, se puede afirmar que con tecnologÃa mexicana de mejoramiento clásico, debidamente apoyada por el gobierno mexicano y en diálogo con los agricultores, se puede aumentar la productividad tanto del maÃz que se siembra de manera extensiva e industrializada como de los maÃces criollos que siembran los agricultores temporaleros indÃgenas y campesinos, que es la tercera parte del maÃz que se siembra en tierra mexicana.
Recordemos que estas compañÃas de biotecnologÃa se han encargado de encarecer los insumos para la agricultura y que, debido al uso de los agroquÃmicos que producen, se han incrementado en el Golfo de México las zonas en que ya no es posible la vida. Estos productos han ido agotando la tierra al forzarla a producir.
Por último, puede decirse con certeza que su fin no es colaborar con los agricultores, sino apoderarse de las semillas básicas para la alimentación, abriendo más la brecha entre ricos y pobres e impidiendo el desarrollo de tecnologÃas apropiadas y ecológicamente amigables a las necesidades de cada paÃs, al privatizar el conocimiento mediante la imposición de semillas patentadas.
Se puede afirmar que si estas siembras se permiten ahora, dadas las limitaciones que desde el punto de vista biotecnológico tienen los maÃces hasta ahora desarrollados, sus defensores habrán contribuido a contaminar los maÃces criollos que son patrimonio de México y una aportación de nuestros antepasados que podrÃa ser, si se apoya a los cientÃficos nacionalistas y sin conflicto de intereses, una herramienta para un mejor desarrollo de la agricultura mexicana y para atender los problemas del hambre y las incertidumbres del clima y nuevas plagas en todo el orbe. Se dejarÃa además en la indefensión a millones de campesinos que quizá no al inicio, pero sà más adelante, serán demandados por robo de patentes, como ha ocurrido en otros paÃses. Es importante no ocultar que cuando Monsanto habla de permitir la experimentación, no se trata de una experimentación cientÃfica formal, sino del paso previo a la siembra comercial.
¿No es motivo de reflexión que tantos mexicanos comprometidos de las más diversas ideologÃas y de los más distintos campos de acción, incluyendo decenas de cientÃficos de alto nivel, se estén pronunciando por una moratoria en la siembra de maÃz transgénico?
El maÃz es nuestro alimento básico y, más allá de "romanticismos", es la clave para la mejor nutrición, calidad de vida y viabilidad económica de nuestro paÃs, asà como para enfrentar incertidumbres futuras. No estamos contra la ciencia, sino contra quienes la utilizan sólo en beneficio propio sin medir o considerar siquiera los grandes riesgos públicos de algunos de sus desarrollos.
Señores agricultores, no se dejen engañar. Es necesario conocer con profundidad los riesgos que conllevan las semillas transgénicas, antes de poner en juego nuestro patrimonio y nuestro futuro. Si quieren evitar una competencia desleal con Estados Unidos, impulsen la renegociación del TLC.
Invito a las organizaciones indÃgenas y de derechos humanos de nuestro paÃs, asà como a los ciudadanos en general, a pedir, con base en la Declaración de derechos de los pueblos indÃgenas, que el gobierno mexicano acaba de signar en la ONU, que se declare la moratoria definitiva a la siembra de maÃz transgénico, pues ésta pone en riesgo la cultura, la salud, la alimentación y la economÃa de los pueblos indÃgenas, y de México mismo.
Hablemos Claro
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Por Cristina Barros
La Jornada, 27 de Septiembre de 2007
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