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La jornada
Jueves 2 de marzo de 2006
Silvia Ribeiro*
Terminator: hacia la bioesclavitud
Afinales de los años 90, el gobierno de Estados Unidos desarrolló, con la
compañía semillera Delta & Pine Land, la tecnología transgénica Terminator
para producir semillas estériles en la segunda generación. Las semillas
"suicidas" no tienen ningún sentido salvo para las empresas: el objetivo es
impedir que los agricultores reproduzcan su semilla, obligándolos a comprar
nuevas para cada ciclo de siembra.
No pudieron imponer la tecnología al mercado, porque es tan evidente que es
nociva y dirigida exclusivamente al lucro de unas pocas empresas, que desde
el comienzo desató fuerte reacción mundial. La condena se manifestó rápida
y enérgicamente desde el mundo campesino y organizaciones de la sociedad
civil hasta investigadores agrícolas, académicos y organismos de Naciones
Unidas.
En 2000, el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas llamó
a los gobiernos a no permitir la experimentación y comercialización de la
tecnología Terminator, estableciendo una moratoria de facto a escala
global. Brasil e India ya han prohibido el uso de esta tecnología en sus
países.
Ahora las trasnacionales están en una lucha a muerte para romper la
moratoria y lavar la imagen de la tecnología suicida-homicida. El próximo
campo de batalla es la octava conferencia de las partes del CDB, que se
realizará en Curitiba, Brasil, del 13 al 31 de marzo.
Para la mayoría de los agricultores, cosechar y volver a utilizar las
semillas en la próxima siembra es algo tan obvio y vital como respirar.
Inclusive quienes compran semillas en el mercado, híbridas o comerciales,
reproducen sus propias semillas cuando el tipo de cultivo se los permite
sin alterar significativamente los rendimientos. En muchos países, como
Brasil, existe la costumbre entre pequeños agricultores de comprar semillas
y cruzarlas con sus propias variedades criollas para conseguir cambios que
los favorezcan. Más de mil 400 millones de campesinos en el mundo basan su
sustento en la reutilización de sus semillas y el intercambio con sus vecinos.
Este hecho tan obvio es un hito en la historia de la humanidad: marcó el
origen de la agricultura, modificando civilizaciones, culturas y paisajes,
siendo hasta hoy la base de la alimentación de todos. Todos los cultivos
que comemos actualmente fueron desarrollados por campesinos -principalmente
campesinas- a partir de ancestros silvestres, en un proceso colectivo y
descentralizado de más de 10 mil años. Fueron adaptando miles de cultivos a
innumerables situaciones geográficas, climáticas, culturales, religiosas,
estéticas, gustativas, creando enorme biodiversidad agrícola. Tarea por
esencia familiar, comunitaria y colectiva, que se basa en el libre flujo de
semillas, saberes y "crianzas mutuas", al decir andino. Criando los
cultivos se crían las personas que crían los cultivos.
Esta monumental herencia histórica de los campesinos para bien de toda la
humanidad está amenazada gravemente por la ambición brutal de las
trasnacionales. En la última década, 10 empresas han pasado a controlar 49
por ciento del comercio mundial de semillas. Las tres mayores (Monsanto,
Dupont-Pioneer y Syngenta) controlan 32 por ciento del mercado global de
semillas y 33 por ciento de las ventas mundiales de agrotóxicos. Junto a
Delta & Pine tienen 86 por ciento de las patentes sobre variantes de la
tecnología Terminator y dominan la investigación agrícola industrial
global. Si logran romper la moratoria, será cuestión de poco tiempo antes
de que toda la investigación y la producción de semillas pasen a incorporar
la tecnología asesina.
El 27 de enero pasado, en una reunión preparatoria del CBD realizada en
Granada, España, las trasnacionales, mediante maniobras de los gobiernos de
Australia, Canadá, Nueva Zelandia y Estados Unidos, lograron clavar una
cuña mortal en el contenido de la moratoria: colocaron como texto base para
la decisión final en Curitiba que las Tecnologías de Restricción del Uso
Genético (nombre usado en Naciones Unidas, que incluye la tecnología
Terminator) pueden ser aprobadas "caso por caso".
La formulación es una trampa. "Caso por caso" en la realidad de las leyes
Monsanto no es más que una cuestión de tiempo para que las empresas
consigan lo que buscan: primero transgénicos, luego Terminator.
En el CBD, de un llamado a moratoria total a la comercialización y
experimentación a escala global, se pasa a que se podría aprobar "caso por
caso". Sería como si en las leyes, en lugar de condenar la violación,
dijeran que se puede aprobar "caso por caso". Si algo es indeseable e
inmoral, no existe ningún "caso" que lo transforme. Lamentablemente, no
sorprende que la delegación oficial mexicana en Granada tuviera
instrucciones escritas de apoyar la posición de "caso por caso". Sería
interesante saber quién "los instruyó", pero de cualquier manera es un
atentado a la soberanía alimentaria del país.
Luego de años de anunciar que Terminator es para proteger sus patentes y
monopolios, ahora las empresas inventaron que es para la "bioseguridad",
porque, aunque las semillas se crucen, no contaminarían. Esto es otra
falacia, ya que Terminator es una construcción genética de reacción en
cadena, y si no se le aplica un detonante químico, las plantas podrían
cruzarse por varias generaciones, sin que nadie lo advierta, hasta que una
fumigación las active y devaste los campos. Si estuvieran "activadas", las
plantas Terminator se cruzarán con los campos vecinos y con parientes
silvestres, volviéndolos estériles.
No existen "casos" en que Terminator no sea una tecnología asesina. El
único camino es fortalecer la moratoria, convirtiéndola en una prohibición
de esa tecnología a escala global y nacional.
* Investigadora del Grupo ETC
Para más información y acciones contra Terminator consultar
<http://www.terminarterminator.org>www.terminarterminator.org
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