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La jornada
Jueves 3 de noviembre de 2005
Reprueba la actitud de varios países firmantes del Protocolo de Cartagena
Impugna Grain promoción de transgénicos
ANGELICA ENCISO
Pese a que con el Protocolo de Cartagena sobre diversidad biológica se
establecieron lineamientos de bioseguridad, los países que ratificaron el
acuerdo impulsan legislaciones que promueven el uso de transgénicos, lo
cual es incompatible con los principios de soberanía alimentaria, señala la
organización no gubernamental Grain.
En un análisis refiere que cuando el 29 de enero de 2000 se firmó el
Protocolo de Cartagena, se consideró una victoria de quienes querían poner
freno a los transgénicos y a los organismos modificados genéticamente,
aunque se reconocía que el acuerdo internacional tenía limitaciones y
lagunas por llenar.
"En general había acuerdo en que el trabajo futuro en materia de
bioseguridad estaba bien encaminado, ya que se incorporaba el principio de
precaución, reconociendo la importancia de consideraciones socioeconómicas
y consultas públicas, dejando la puerta abierta para que los países
aplicaran reglamentaciones más estrictas que el mínimo establecido en el
protocolo", indica la organización que promueve el manejo y uso sustentable
de la biodiversidad agrícola, basado en el control de la gente sobre los
recursos genéticos y el conocimiento tradicional.
Sin embargo, cinco años después se han presentado obstáculos. "El protocolo
no generó legislación efectiva a escala nacional; vemos que país tras país
se instalan leyes y políticas que facilitan el ingreso de cultivos
transgénicos, aun cuando los gobiernos proclaman su preocupación por la
bioseguridad y su adhesión al protocolo. Los pueblos latinoamericanos
llaman a estas legislaciones leyes Monsanto", agrega.
Sumado a ello, en las rondas de negociación del protocolo se han frustrado
acuerdos. En la última realizada en Canadá, algunos países "actuaron en
nombre de la industria de la ingeniería genética y todos los indicios
señalan que esta táctica se está intensificando".
Agrega que los cultivos transgénicos son creaciones patentadas por una
industria de alta tecnología, que no pueden integrarse a los sistemas
agrícolas de base local y dirigidos por los agricultores.
Sobre México, refiere que el Senado hizo oídos sordos a la oposición
generalizada de académicos, agricultores y ecologistas, y el pasado 15 de
febrero aprobó la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados.
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