Transgénicos a La Carta

Transgénicos a La Carta

  • Los gobiernos no atinan a considerar seriamente la crisis alimentaria y dan paliativos a una situación estructural de abandono al campo mexicano
    Por Javier López Osorio
    Cambio de Michoacán, 4 de Junio de 2008
    Derecho al Fuente

«Los transgénicos no solucionan el hambre. Los transgénicos no producen más ni otorgan a los pueblos soberanía alimentaria».
Greenpeace México

Dentro de un inquietante panorama mundial y nacional, de una mala distribución de los alimentos (sí, un problema de distribución, no de escasez) que vie- ne produciendo escenarios de hambruna, los gobiernos en turno no atinan a considerar seriamente el problema, destinando cuantiosos recursos a mantener la dependencia alimentaria y dar paliativos cortoplacistas a una situación estructural de abandono al campo mexicano en un contexto histórico (por ser una acción neoliberal concertada con los grandes monopolios) que ha propiciado la pérdida de nuestra soberanía alimentaria. Nos encontramos con el nulo control gubernamental de la siembra, comercialización y consumo de organismos genéticamente modificados (OGM) o más comúnmente conocidos como transgénicos. La denuncia y la lucha han sido arduas, llevadas a cabo por organismos ciudadanos de todo el mundo y en México especialmente por Greenpeace, el cual alerta, a través de un sin número de publicaciones, sobre el caso complejo que envuelve esta biotecnología, que más que una solución se ha demostrado lo pernicioso de su evolución.
Sus estudios han difundido aspectos concretos sobre empresas comercializadoras de semillas y paquetes tecnológicos; siembra, transformación y venta de estos organismos. En esa información se da cuenta de cuestiones verdaderamente escalofriantes, para el devenir nacional, como es el caso de la probable liberación de estos organismos al ambiente, afectando la biodiversidad y los ecosistemas, no menos alarmante que aquella que señala una variedad de productos, que usan en sus procesos productivos varios tipos de OGM, y cuyo destino es el consumo humano. La lista es amplia y no se agotan todas las marcas y productos transgénicos que se consumen en el país.
En México, la autoridad sanitaria permite la comercialización para consumo humano de 31 transgénicos de soya, canola, maíz, algodón, papa, jitomate y alfalfa (datos de 2006). Estos ingredientes entran en nuestras dietas sin control alguno y sin nuestro consentimiento expreso. Además de productos industrializados, dentro de los cuales podemos encontrar: La siguiente lista de empresas que usan transgénicos en sus productos, estando confirmado con análisis de laboratorio:
1) Maseca, 2) Minsa, 3) La Única, 4) Misión, 5) Milpa Real, y 6) Kellog´s. Además, de acuerdo a Greenpeace, existe una larga lista de empresas que no han garantizado que algunos de sus alimentos procesados no contengan OGM o sus derivados, siendo entre otras:
1) Clemente Jaques, 2) Smucker´s, 3) Del Fuerte, 4) Del Monte, 5) Herdez, 6) Karo, 7) Nestlé, 8) Capullo, 9) Great Value, 10) Helman´s, 11) Knorr, 12) Mafer, 13) Pringles, 14) Sabritas, 15) Danone, 16) Ferro Rocher, 17) Gamesa, 18) Kinder, 19) Marinela, 20) Bimbo, 21) Jell-o, 22) Macma, 23) Oreo, 24) Nutella, 25) Pronto, 26) Royal, 27) Tres Estrellas, 28) Ades, 29) Del Valle, 30) Florida 7, 31) Fresquibón, 32) Kool Aid, 33) Maizena, 34) Pepsi, 35) Sonrisa, 36) Tang, 37) Holanda, 38) Maizoro, 39) Crecilac, 40) Grupo Modelo, 41) Cervecería Cuauhtémoc, 42) Aurrerá: marcas propias, 43) Comercial Mexicana: marcas propias, 44) Superama: marcas propias, 45) Wall-Mart: marcas propias.
La lista demuestra la alta vulnerabilidad en que nos encontramos los consumidores, no debemos olvidar que el peligro de este tipo de alimentos radica en la alta incertidumbre científica que existe en torno a ellos. Hasta la fecha no existe información confiable, al no haberse realizado las pruebas y estudios necesarios para garantizar científicamente que su consumo no tendrá efectos nocivos a mediano y largo plazo.
La industria biotecnológica, interesada en vender transgénicos, ha señalado que no hay datos para confirmar daños en la salud, pero tampoco existen datos científicos publicados que garanticen que no los habrá. La ausencia de datos no significa ausencia de riesgos. El principio precautorio, legalmente establecido, no se ejerce nuevamente. La experiencia con otras tecnologías nos obliga a tener más cautela. Recordemos los plaguicidas y agrotóxicos que hace 40 años se vendían como solución mágica a diversos problemas rurales y se afirmaba que no entrañaban riesgos ni causaban daños a la salud. Ahora podemos constatar su baja productividad, además de los múltiples daños al medio ambiente y a la salud, por lo que ahora muchas de estas sustancias están prohibidas y retiradas del mercado.
Otra arista de esta batalla se localiza en conquistar que en nuestro país la autoridad sanitaria, encargada de protegernos contra estos riesgos, realice las investigaciones propias sobre los transgénicos; para autorizar el consumo seguro de estos organismos de forma directa y procesada. Asimismo obtener la información necesaria, de cada producto, donde se nos indique el origen de sus ingredientes; los mexicanos tenemos derecho a saber si los alimentos que adquirimos para nuestras familias contienen transgénicos, para que así cada uno decidamos si los comemos o no.
Estos derecho no están garantizado por la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (mejor conocida como Ley Monsanto), que sólo obliga a informar sobre los transgénicos que sean nutrimentalmente distintos de forma significativa. Esta característica es vaga y discutible por lo que la industria puede usar esta imprecisión legal para evadir su obligación de informar al consumidor.
En resumen podemos concluir afirmando, como cita Greenpeace, la gran contribución de los OGM en la pérdida de soberanía alimentaria, además de recordarnos que para acabar con el hambre es necesario un sistema de comercio equitativo y sustentable, y políticas públicas que promuevan la capacidad de cada país de producir y distribuir sus alimentos con justicia e igualdad, fuera de todo atentado presumible en contra de la salud humana y de nuestro medio ambiente.